Archivo de Octubre de 2009

Fronteras II: El río

Sábado, 24 de Octubre de 2009

Muchas fronteras se han hecho coincidir con accidentes geogràficos, especialmente con los ríos. El río Llobregat, aparte de dar apellido a unos cuantos municipios, hace en algunos puntos de frontera entre Sant Boi, Cornellà y Hospitalet. Hasta hace muy poco también hacía frontera entre El Prat y Barcelona, pero cuando desplazaron su cauce para permitir crecer al Port de Barcelona, quedaron las dos orillas en el término municipal del Prat.

El Llobregat forma en su delta uno de los espacios de mayor valor medioambiental de Barcelona a la vez que también es uno de los menos conocidos. Pese a la tenaza que ejercen las dos mayores infraestructuras de Barcelona -el puerto y el aeropuerto- quedan en el Delta del Llobregat espacios abiertos al visitante que, salvando el ruido de los despegues y los aterrizajes, le harán olvidar a uno que se encuentra a pocos kilometros de Barcelona. Además, la mejora de la calidad del agua del río ha devuelto la presencia de aves que se habían marchado y las nuevas playas del Prat invitan al baño en verano. Sinceramente, se trata de un espacio único que ojalá que el puerto y el aeropuerto no acaben de engullir.

Avanzando río arriba cruzamos uno de los mayores espacios industriales y de logística de toda Europa: el Polígono de Zona Franca, el PI Pratenc, Enkalene y la zona del Mercabarna. Justo allí encontramos la última vía para cruzarlo, el puente del Mercabarna, que pasa por delante de la planta de recambios de Nissan y la planta cerrada de Esteban Ikeda. Por ahí es por donde saldrán los ciclistas y paseantes que hayan seguido la orilla este del río, que es la acondicionada, llegando a ella desde la única pasarela apta para cicilistas y peatones situada a la altura de Cornellà, no muy lejos del nuevo estadio del Espanyol. También cruzan el río las vías de ferrocarril del AVE, de Cercanías y las de Renfe que unen Barcelona con el resto de la península. Otros puentes son los de la C-31 y C-32.

Antes de llegar a la citada pasarela para peatones y ciclistas, habremos recorrido también la zona agrícola donde se cosechan las reconocidas alcachofas del Baix Llobregat, entre otras hortalizas no menos meritorias. A pocos metros del río, entre rondas de dalt, de litoral, una autopista y una autovía, encontramos la última zona agrícola de Hospitalet de Llobregat. Un lugar en el que bien merece parar brevemente para, quizá, observar alguna de las 28 especies de aves documentadas. Y también para pensar en el plan de la alcaldesa de Hospitalet Nuria Marín (PSC) para construir tres torres de oficinas y un concesionario de coches de lujo en los terrenos propiedad del que pretende ser el Berlusconi catalán, el pollo Laporta. Afortunadamente, el Departament de Medi Ambient de la Generalitat ha rechazado ese proyecto y la alcaldesa tendrá que rehacerlo. Desgraciadamente quedan gobernantes incapaces de ver el valor, incluso económico, de las zonas agrícolas y verdes, y que sólo ven el valor del ladrillo y la construcción. Así ha quedado este país.

El curso del río es seguido en paralelo por dos infraestructuras más: la vieja línea de mercancías de vía estrecha, actualmente operada por FGC y que lleva los coches de la Seat al puerto para la exportación y el recién estrenado tubo de agua de la desaladora del Prat, que garantiza el consumo de agua aún en época de sequía, mal les pese a los del cementismo.

Por último, creo que una buena forma de conocer más sobre el carácter urbano de esta frontera, de nuestro río, es apuntarse a la excursión organizada por el Any Cerdà el 21 de noviembre, con el título de El Llobregat, nou eix metropolità

Fronteras I

Viernes, 16 de Octubre de 2009

Un prólogo.

Una foto. Si visitan este enlace de google maps verán una ciudad. Seguramente fácil de reconocer por los cuadraditos de la derecha. Lo que ya no es tan fácil es ver cuatro municipios diferentes, cada uno con su ayuntamiento, alcalde o alcaldesa, diferentes contenedores de basura, diferentes tasas municipales, etc. Algo sorprendente para la mayoría de españoles, para los que es novedoso cambiar de municipio cruzando una calle, pero no para los europeos, acostumbrados a que las grandes urbes se dividan en municipios y luego se doten de un gobierno supramunicipal. Algo así sucede en Berlín, Londres y París. Y casi es lo que pasa en Barcelona, pero con algunas diferencias sustanciales .

Mientras que Madrid continuó anexionándose municipios que engullía en su crecimiento urbano hasta el año 1954, en Barcelona la última anexión de otros municipios data de 1897. Tan dispares fechas no se explican por un menor ritmo de crecimiento de la capital catalana, sino más bien, por un centralismo español temeroso de que Barcelona pudiera sobrepasar en número de población a Madrid.

Pero lo que en principio pudiera parecer una zancadilla a Barcelona, con el tiempo, ha supuesto una ventaja. La permanencia de ayuntamientos propios dentro la misma urbe ha permitido una descentralización y un acercamiento de las “pequeñas cosas” de los barrios. Frente a un monstruo de 3.200.000 habitantes, Barcelona está descentralizada en diferentes municipios que, con la excepción de lo que se conoce como Barcelona-ciudad, los más grandes tienen 260.000 y 220.000 habitantes. Algo importante cuando hoy sabemos que a las administraciones locales les ha tocado el papel protagonista en los servicios sociales. Además de que el gusto de muchos ayuntamientos por gastar más dinero en los centros turísticos o de clase alta es un vicio en el que la mayoría de ayuntamientos barceloneses no pueden caer.

Como decía antes, el modelo de gobierno municipal de Barcelona se asemeja más al de las grandes ciudades de Europa que al de las españolas. Pero con un par de diferencias. La primera es la pervivencia del modelo antiguo y trasnochado de un solo ayuntamiento para casi dos millones de habitantes. Lo que se llama Barcelona-ciudad está dividida en 10 distritos gobernados por sufragio indirecto -sus ciudadanos y ciudadanas no eligen directamente a sus gobernantes- y con competencias en trámites burocráticos, pero casi ninguna en cuestiones de gestión política o urbanística. La segunda diferencia con modelos europeos es aún más importante. Barcelona no tiene un gobierno supramunicipal o un gobierno para toda la ciudad. En Barcelona, se cruza una acera y las papeleras son diferentes, los puestos  de la ONCE son de diferente color, la recogida de residuos sigue modelos diferentes, los mapas de las líneas de autobuses dejan de tener utilidad, y, a lo que yo voy, el urbanismo y la racionalidad se abandonan.

Sirva esta larga explicación a modo de prólogo para una serie de entradas en el blog sobre las fronteras en Barcelona. Rodeos de caminos, ríos inaccesibles, edificios intercomarcales según vivas en el 2º1ª o en el 2º3ª, goles en distintos municipios y más anécdotas ciudadanas llegarán sin un tiempo definido.

Para hacer boca, el octavo párrafo de esta noticia.

Runner

Martes, 13 de Octubre de 2009

Dicen que cuando cambias la revista de El Viejo Topo por la revista Runner es que tienes 34 años. Pero no seré yo quien dé ni quite razones.

Abro el blog sólo para recomendar Mamut. Y en Spotify.

Y para empezar a recibir sugerencias para los premios Gagarin. Que son premios del segundo tipo que explica Entrialgo en su genial viñeta diaria en el Público.