Fronteras I
Un prólogo.
Una foto. Si visitan este enlace de google maps verán una ciudad. Seguramente fácil de reconocer por los cuadraditos de la derecha. Lo que ya no es tan fácil es ver cuatro municipios diferentes, cada uno con su ayuntamiento, alcalde o alcaldesa, diferentes contenedores de basura, diferentes tasas municipales, etc. Algo sorprendente para la mayoría de españoles, para los que es novedoso cambiar de municipio cruzando una calle, pero no para los europeos, acostumbrados a que las grandes urbes se dividan en municipios y luego se doten de un gobierno supramunicipal. Algo así sucede en Berlín, Londres y París. Y casi es lo que pasa en Barcelona, pero con algunas diferencias sustanciales .
Mientras que Madrid continuó anexionándose municipios que engullía en su crecimiento urbano hasta el año 1954, en Barcelona la última anexión de otros municipios data de 1897. Tan dispares fechas no se explican por un menor ritmo de crecimiento de la capital catalana, sino más bien, por un centralismo español temeroso de que Barcelona pudiera sobrepasar en número de población a Madrid.
Pero lo que en principio pudiera parecer una zancadilla a Barcelona, con el tiempo, ha supuesto una ventaja. La permanencia de ayuntamientos propios dentro la misma urbe ha permitido una descentralización y un acercamiento de las “pequeñas cosas” de los barrios. Frente a un monstruo de 3.200.000 habitantes, Barcelona está descentralizada en diferentes municipios que, con la excepción de lo que se conoce como Barcelona-ciudad, los más grandes tienen 260.000 y 220.000 habitantes. Algo importante cuando hoy sabemos que a las administraciones locales les ha tocado el papel protagonista en los servicios sociales. Además de que el gusto de muchos ayuntamientos por gastar más dinero en los centros turísticos o de clase alta es un vicio en el que la mayoría de ayuntamientos barceloneses no pueden caer.
Como decía antes, el modelo de gobierno municipal de Barcelona se asemeja más al de las grandes ciudades de Europa que al de las españolas. Pero con un par de diferencias. La primera es la pervivencia del modelo antiguo y trasnochado de un solo ayuntamiento para casi dos millones de habitantes. Lo que se llama Barcelona-ciudad está dividida en 10 distritos gobernados por sufragio indirecto -sus ciudadanos y ciudadanas no eligen directamente a sus gobernantes- y con competencias en trámites burocráticos, pero casi ninguna en cuestiones de gestión política o urbanística. La segunda diferencia con modelos europeos es aún más importante. Barcelona no tiene un gobierno supramunicipal o un gobierno para toda la ciudad. En Barcelona, se cruza una acera y las papeleras son diferentes, los puestos de la ONCE son de diferente color, la recogida de residuos sigue modelos diferentes, los mapas de las líneas de autobuses dejan de tener utilidad, y, a lo que yo voy, el urbanismo y la racionalidad se abandonan.
Sirva esta larga explicación a modo de prólogo para una serie de entradas en el blog sobre las fronteras en Barcelona. Rodeos de caminos, ríos inaccesibles, edificios intercomarcales según vivas en el 2º1ª o en el 2º3ª, goles en distintos municipios y más anécdotas ciudadanas llegarán sin un tiempo definido.
Para hacer boca, el octavo párrafo de esta noticia.
17 de Octubre, 2009 - 16:30
Ei, me alegra que vuelvas a las andadas, muy buen post. Es verdad que los autobuses cambian, y que algún autoubús como el lh1 sería turístico en BCN-DC, pero afortunadamente el metro y los taxis son los mismos.