Fronteras II: El río
Muchas fronteras se han hecho coincidir con accidentes geogràficos, especialmente con los ríos. El río Llobregat, aparte de dar apellido a unos cuantos municipios, hace en algunos puntos de frontera entre Sant Boi, Cornellà y Hospitalet. Hasta hace muy poco también hacía frontera entre El Prat y Barcelona, pero cuando desplazaron su cauce para permitir crecer al Port de Barcelona, quedaron las dos orillas en el término municipal del Prat.
El Llobregat forma en su delta uno de los espacios de mayor valor medioambiental de Barcelona a la vez que también es uno de los menos conocidos. Pese a la tenaza que ejercen las dos mayores infraestructuras de Barcelona -el puerto y el aeropuerto- quedan en el Delta del Llobregat espacios abiertos al visitante que, salvando el ruido de los despegues y los aterrizajes, le harán olvidar a uno que se encuentra a pocos kilometros de Barcelona. Además, la mejora de la calidad del agua del río ha devuelto la presencia de aves que se habían marchado y las nuevas playas del Prat invitan al baño en verano. Sinceramente, se trata de un espacio único que ojalá que el puerto y el aeropuerto no acaben de engullir.
Avanzando río arriba cruzamos uno de los mayores espacios industriales y de logística de toda Europa: el Polígono de Zona Franca, el PI Pratenc, Enkalene y la zona del Mercabarna. Justo allí encontramos la última vía para cruzarlo, el puente del Mercabarna, que pasa por delante de la planta de recambios de Nissan y la planta cerrada de Esteban Ikeda. Por ahí es por donde saldrán los ciclistas y paseantes que hayan seguido la orilla este del río, que es la acondicionada, llegando a ella desde la única pasarela apta para cicilistas y peatones situada a la altura de Cornellà, no muy lejos del nuevo estadio del Espanyol. También cruzan el río las vías de ferrocarril del AVE, de Cercanías y las de Renfe que unen Barcelona con el resto de la península. Otros puentes son los de la C-31 y C-32.
Antes de llegar a la citada pasarela para peatones y ciclistas, habremos recorrido también la zona agrícola donde se cosechan las reconocidas alcachofas del Baix Llobregat, entre otras hortalizas no menos meritorias. A pocos metros del río, entre rondas de dalt, de litoral, una autopista y una autovía, encontramos la última zona agrícola de Hospitalet de Llobregat. Un lugar en el que bien merece parar brevemente para, quizá, observar alguna de las 28 especies de aves documentadas. Y también para pensar en el plan de la alcaldesa de Hospitalet Nuria Marín (PSC) para construir tres torres de oficinas y un concesionario de coches de lujo en los terrenos propiedad del que pretende ser el Berlusconi catalán, el pollo Laporta. Afortunadamente, el Departament de Medi Ambient de la Generalitat ha rechazado ese proyecto y la alcaldesa tendrá que rehacerlo. Desgraciadamente quedan gobernantes incapaces de ver el valor, incluso económico, de las zonas agrícolas y verdes, y que sólo ven el valor del ladrillo y la construcción. Así ha quedado este país.
El curso del río es seguido en paralelo por dos infraestructuras más: la vieja línea de mercancías de vía estrecha, actualmente operada por FGC y que lleva los coches de la Seat al puerto para la exportación y el recién estrenado tubo de agua de la desaladora del Prat, que garantiza el consumo de agua aún en época de sequía, mal les pese a los del cementismo.
Por último, creo que una buena forma de conocer más sobre el carácter urbano de esta frontera, de nuestro río, es apuntarse a la excursión organizada por el Any Cerdà el 21 de noviembre, con el título de El Llobregat, nou eix metropolità.